Si piensas en tu peor miedo, tarde o temprano vendrá a darte de zapes o cachetadas, dependiendo de dónde te encuentres parado, y cómo decidas enfrentarlo o darle la espalda.

Nuestros peores miedos siempre se harán realidad, principalmente porque nos enfocamos tanto en ellos; los monstruos debajo de la cama y los esqueletos del closet VENDRÁN por su cuenta, o con ayuda (tanto nuestra como de otros). Usualmente estamos tan enfocados en aquello que tememos, que muchas veces no disfrutamos el presente, el momento actual, y eso está mal, porque entonces no estamos para nadie, ni siquiera para nosotros mismos.

Probablemente hayas escuchado sobre la importancia de vivir “aquí y ahora”, y que “vivir sin expectativas” es mejor. Eso depende de cada quién, son elecciones personales y particulares por completo. Pero tiene sus riesgos. El que alguien lo haya realizado o logrado, no implica que yo lo puedo hacer o que me convenga, significa que es realizable, que hay un camino y que tal vez tú puedes seguir esa ruta (o yo).

Enfrentémoslo, no todos estamos entrenados desde que nacimos como ganadores, no a todos se nos ha reforzado en los éxitos desde la infancia (cuando realmente cuenta y hace una diferencia), a mucha gente le ha sucedido exactamente lo contrario, hemos sido entrenados para aceptar el rechazo, el fracaso, a ser mediocres. Principalmente por ignorancia, de hecho, tal como los cangrejos.

Pero, de nuevo, todos podemos aprender a ser exitosos, cómo ser mejores en lo que elegimos como ruta de vida, en lo que nos convertimos… ¿o no? Ser exitosos es más que ser capaz de adaptarse a las circunstancias, por ello, si podemos adaptar cómo enfrentamos nuestros miedos, podemos superarlos, o al menos así es como pienso yo.

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